viernes, 30 de septiembre de 2022

El 11 de marzo de 2022, nos ha dejado nuestro Presidente Antonio Carraro, de Antonio Carraro spa

Hablar de la vida de Antonio Carraro es hablar de la empresa que lleva su mismo nombre. A raíz de la división de la antigua "Giovanni Carraro", fundada en 1910, fábrica paduana de sembradoras, tractores y motores diésel, nacen en 1960 dos empresas distintas: Antonio Carraro de Giovanni (con Antonio, su hermana Bianca y su padre Giovanni) y Carraro spa (con Oscar, Mario, Francesco y Clara, los otros hijos
de Giovanni). Las dos ramas de la familia Carraro diferían en su visión empresarial: la de Antonio se especializó en tractores compactos de ruedas isodiamétricas para la agricultura especializada, mientras
que la rama de Mario, Carraro spa, se centró en la producción a gran escala de ejes para tractores y componentes de automoción.
Historia empresarial de Antonio Carraro
Tras la escisión de la empresa Giovanni Carraro, en 1960, Antonio Carraro comenzó su producción de tractores compactos para la agricultura especializada de nicho, adoptando como marca de fábrica los cuatro caballos rotantes, un simplegma de origen persa representado en un dibujo de 1600, símbolo de fertilidad y fuerza. Los éxitos se sucedieron ya desde el principio: a partir de 1970, Antonio Carraro consiguió desmarcarse de sus competidores y se convirtió en líder del sector de los tractores compactos.

En 1973, Antonio Carraro fundó el “Centro Studi e Ricerche”, uno de los primeros del sector metalmecánico en Italia, donde reunió un equipo de técnicos dedicados exclusivamente a la investigación de medios innovadores para la agricultura, iniciando colaboraciones con los Institutos Universitarios de Padua, Bolonia, Berlín, Humboldt y Sídney.
En la década de los 2000, dio inicio el primer gran plan de expansión de la empresa, con la construcción de nuevas naves, siempre en Campodarsego, y la reorganización de todos los departamentos productivos,
adoptando las ideas de la Porsche Consulting de Stoccarda. La formación, que duró tres años, marcó un punto de inflexión fundamental para la empresa, hoy en lo más alto de la industria de la mecanización
agrícola gracias a la aplicación de la máxima tecnología en los procesos de producción y la fórmula de organización según la filosofía japonesa "Kaizen", basada en la mejora continua en pequeños pasos.
En los cultivos en hilera de viñedos y frutales, en los cultivos de montaña, en los invernaderos, en los pastos y en los bosques, en el mantenimiento de las zonas verdes públicas y privadas, en la viabilidad de las
carreteras en invierno, en las canteras, en el mantenimiento de los campos deportivos: un tractor Antonio Carraro puede marcar la diferencia en términos de rendimiento y confort operativo.

En Italia, la marca Antonio Carraro ostenta desde hace muchos años el récord de matriculaciones en el segmento de tractores compactos. A nivel mundial se encuentra entre las primeras 7 marcas.
Antonio Carraro, con su trayectoria, ha propiciado un gran crecimiento de su empresa y de las actividades económicas relacionadas con ella, contribuyendo al desarrollo del empleo en el ámbito mecánico.
Asimismo, podemos afirmar que los medios que él creó han dado un gran impulso a la economía agrícola de las zonas de la cuenca del Mediterráneo y de las zonas montañosas de los Alpes (norte de Italia, Suiza,
Austria y Europa del Este), del sur de Italia, España, Grecia, Portugal, pero también de Alemania, Francia y toda Europa. Desde los años 60 han nacido cientos de concesionarios de tractores y puntos de venta AC.
Activo en la empresa hasta pocas semanas antes de su fallecimiento, Antonio Carraro seguía de cerca el trabajo del departamento de Investigación y Desarrollo de la empresa, al que acudía cada día. Hombre
bueno y generoso, siempre participó intensamente en la vida de la empresa, protagonizando también documentales y anuncios corporativos (el último con Albano Carrisi, amigo y cliente de muchos años).
En noviembre se estrenó el último vídeo conmemorativo del 110º aniversario de la empresa "Constancia y saltos", del director paduano Federico Massa, protagonizado por él mismo como pionero de la industria del
tractor, que pasó su vida amando y desarrollando su industria, que hoy cuenta con más de 500 empleados, 5 filiales (España, EEUU, Turquía, Chile y Francia) y 650 concesionarios y puntos de venta en el mundo.
Hoy, la marca Antonio Carraro de los cuatro caballos rotantes, símbolo de la más alta calidad, está considerada el "Ferrari" de los tractores.

La personalidad de AC
De carácter reservado y algo tímido, a Antonio Carraro le apasionaba la mecánica ya desde niño, pero también el arte y la música. Aunque fue invitado a asumir funciones institucionales por su prestigio y cultura, nunca aceptó ningún cargo fuera de su propia empresa, ya que lo consideraba incompatible con su actividad industrial. La única excepción a su filosofía de vida se produjo durante las diversas presentaciones
del último libro del escritor Piero Buscaroli, titulado "Beethoven", a partir del 2005, en las que el crítico musical (gran amigo de Antonio Carraro), lo invitó en calidad de gran conocedor de Beethoven, como
ponente y comentarista. Desde la década de los 60 ocupó el cargo de Presidente de Antonio Carraro spa, dedicándose cada día a las actividades del departamento de Investigación y Desarrollo (I+D) de la empresa.
La filosofía de vida de AC
Recordamos una de las últimas entrevistas a Antonio Carraro, no en calidad de empresario, sino de apasionado del arte y de "su" Padua.
«¿La característica que más me define? La obsesión por la estética y la calidad» 

Antonio Carraro, presidente de Antonio Carraro spa, cuenta su historia...

"Estoy orgulloso de que mi empresa siga ubicada en el mismo lugar de producción de mi padre, que se estableció aquí por primera vez en 1910. A decir verdad, la actividad de nuestra familia de herreros empezó
en 1875, año en el que la familia Carraro adquirió el terreno en el que nos encontramos ahora.
Desde niño trabajé con mi padre Giovanni y mis hermanos. A los 13 años ya visitaba los mercados de maquinaria agrícola del norte de Italia, acompañado por Oscar, el mayor de mis hermanos, en moto. Muchas cosas han pasado desde entonces. Hoy me enorgullece decir que mi empresa es la marca nº 1 en Italia en matriculaciones en el segmento de los tractores compactos, y la octava, quizá séptima, en el mundo.

A lo largo de mi carrera nunca he pensado en los beneficios, sino en cómo podía seguir desarrollando mi empresa e inventar, cada vez, un nuevo tractor más bonito, más completo, más eficiente y más cómodo
que el modelo anterior. Por eso me gusta decir que fabricamos "el tractor más bonito del mundo". Cada vez partimos de este supuesto, de este deseo de avanzar, siempre mejorando. Yo y todos mis
colaboradores. No se trata solo del personal de producción, sino de todos los empleados de mi empresa, que, con su esfuerzo y capacidades, cada uno por sí mismo, pueden contribuir a mejorar la empresa y
nuestros productos.
LA FAMILIA AC
No obstante, la mayor satisfacción de mi vida no me la ha dado el trabajo, sino mi matrimonio con Luciana, mi mujer, y el nacimiento de mis seis hijos. Luciana y yo nos conocimos de muy jóvenes. Mi padre la había
contratado como intérprete porque habla italiano, inglés, francés y árabe, pues nació en Alejandría, en Egipto, y allí asistió a un instituto internacional francés.
Esta motivación para "hacer cosas" me viene de familia, pues todos participaban a su manera y según sus propias capacidades y aptitudes.

Mis hijos dicen que tengo buen carácter, aunque severo, a veces. Es cierto: cuando se habla de mecánica, música o arte, mis grandes pasiones, me emociono. Pero no me interesa hablar de política. A menudo me
han invitado a participar activamente en la vida política y social, pero siempre he declinado la oferta por ser incompatible con mi trabajo como empresario.
Después de la familia y de los tractores, dedico todo mi tiempo libre a cultivar mi vida interior, leyendo, escuchando música o visitando lugares de arte, museos o, sobre todo, iglesias.

Amo Padua, mi ciudad, que es preciosa y está llena de grandes obras. Basta pensar en Giotto, Mantegna, Sansovino, el Veronese, el Briosco o las obras de Donatello. Una lástima que algunas reconstrucciones, tras
los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, no se llevasen a cabo de la mejor manera. Me refiero al Corso Milano, por ejemplo: lo recuerdo antes de la guerra. Era la avenida noble de la ciudad, pero hoy es
un conglomerado de edificios, por desgracia, poco armoniosos, creados sin ninguna visión de conjunto. O la Piazza Spalato (antigua Piazza Insurrezione): se suponía que debía ser el cruce de todos los caminos
alrededor de Padua. Pero no fue así. Se impuso la lógica de la construcción salvaje de los años del boom económico.
Ahora, a mi edad, lo acepto y lo comprendo: en muchas ocasiones es inútil crear polémica. Digamos que me he vuelto más filósofo: lo que es, es. Afortunadamente he tenido muchas otras satisfacciones en la vida, en especial mi actividad industrial. La más grande, por ejemplo, es la gratificación de nuestros clientes, también de aquellos más especiales como Al Bano Carrisi, Gianni Morandi, el cantante Sting, Mogol o empresas vinícolas de gran prestigio como Moët Chandon, Cà Del Bosco, Voerzio (Barolo) o Antinori.
Si tengo que reconocer alguna obsesión, esa sería la obsesión por el producto. Siempre he estado convencido de que en la creación de un medio como es el tractor, no hay que dejar nada al azar, porque es
la máxima atención al detalle lo que determina la excelencia del resultado final. Mi sueño sigue siendo el mismo: que mi empresa siga creciendo, que siga produciendo mi Made in Italy, mis tractores, en mi país.
La crisis de estos últimos años nos condiciona, como es normal, pero siempre he sido optimista. Una característica que comparten todos los apasionados del arte, porque el amor por las cosas bellas y las obras
maestras endulza la vida interior de todo ser humano. Viviendo en Padua soy doblemente afortunado, porque es una de las ciudades más bonitas de Europa. Solo hay que pensar en la grandiosidad del Prato
della Valle, o en la capilla de los Scrovegni, un lugar extraordinario en el que la belleza de las pinturas de Gotto logra cautivarte. O en las esculturas que Donatello nos dejó durante los 11 años que estuvo en
Padua. Desde mi punto de vista, Donatello es un genio absoluto: además de su enorme talento como escultor, poseía una genialidad arquitectónica única para determinar las coordenadas perfectas donde
colocar sus obras. Como en el caso del monumento a Erasmo de Narni, conocido como el Gattamelata, que domina el espacio frente a la entrada de la Basílica del Santo, con su impresionante poderío, casi
descarado. Un monumento ecuestre que hace majestuoso y solemne un espacio originalmente humilde y de invitación a los fieles, en aquella iglesia franciscana del 1238, que tras varias reconstrucciones se
convirtió en el estupendo santuario a San Antonio que hoy podemos admirar".